No sé si te acuerdas Yo sí, Las tardes eran frescas El viento despejaba nuestras dudas Y la calle recibía pasos apurados resolviendo la amistad. El hombre cabello oscuro El hombre bueno desgranando flores para nosotras No sé si se habrá repetido en tu vida la tierra a los pies No sé si se habrá repetido la tibieza de aquellos minutos La brisa, el aroma El Jacarandá brillando entre sus ramas Y nuestras risas. Sólo sé que la micro cambió su recorrido Como los corazones Sólo sé que él duerme más cerca de los mares Como el recuerdo Sólo sé que hemos llegado a la estación inevitable La del llamado Cuando los trenes por fin se detienen Y desgranan hombres y mujeres despertando Sólo sé que hemos llegado A la memoria de las flores sobre el Jacarandá.
Una contempla el infinito para atraparlo de un vistazo Otra transforma con calma el horizonte dibujando soñados escenarios
Miraron desde que nacieron a distintos lados Una se contentó con la vetusta mirada que la asisitió en su nacimiento Otra fijó su primer recuerdo en los ojos ausentes del padre
Con la juventud siguieron mirando a distintos lados Una se acomodó en la trastienda del hogar Otra se resistió armando un laborioso juego con el saber
Ya de treinta y tantos ambas mujeres intentaron mirarse y encontrarse Pero sus miradas siguieron descolgando de algún rincón la extraña sutileza de las que son hermanas no tan hermanas
Las tardecitas de Buenos Aires tiene ese qué sé yo, ¿viste? Salgo de casa por Arenales, lo de siempre en la calle y en mí, cuando de repente, detrás de ese árbol, se aparece él, mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte en el viaje a Venus. Medio melón en la cabeza, las rayas de la camisa pintadas en la piel, dos medias suelas clavadas en los pies, y una banderita de taxi libre en cada mano... Ja...ja...ja...ja... Parece que sólo yo lo veo, porque él pasa entre la gente y los maniquíes me guiñan, los semáforos me dan tres luces celestes y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares, y así, medio bailando, medio volando, se saca el melón, me saluda, me regala una banderita y me dice adiós.
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao, no ves que va la luna rodando por Callao y un coro de astronautas y niños con un vals me baila alrededor... Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao, yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión; y a vos te vi tan triste; vení, volá, sentí, el loco berretín que tengo para vos. Loco, loco, loco, cuando anochezca en tu porteña soledad, por la ribera de tu sábana vendré, con un poema y un trombón, a desvelar tu corazón. Loco, loco, loco, como un acróbata demente saltaré, sobre el abismo de tu escote hasta sentir que enloquecí tu corazón de libertad, ya vas a ver.
Y así el loco me convida a andar en su ilusión súper-sport, y vamos a correr por las cornisas con una golondrina por motor. De Vieytes nos aplauden: Viva, viva... los locos que inventaron el amor; y un ángel y un soldado y una niña nos dan un valsecito bailador. Nos sale a saludar la gente linda y el loco, pero tuyo, qué sé yo, loco mío, provoca campanarios con su risa y al fin, me mira y canta a media voz:
Quereme así, piantao, piantao, piantao... trepate a esta ternura de loco que hay en mí, ponete esta peluca de alondra y volá, volá conmigo ya: vení, quereme así piantao, piantao, piantao, abrite los amores que vamos a intentar la trágica locura total de revivir, vení, volá, vení, tra...lala...lara...
La niña se esconde por los días Besa sus manos como mordiendo una toalla. Llora, sí, como lloran las niñas, ella viste de vestidos con girasoles y duendes. Cuando se disfraza de adulta usa collares de perlas y sombreros gigantescos. La niña se oculta tras las puertas para escuchar los corazones ajenos
y cuando te encuentra el alma
te ama
con todas sus agallas de niña.
La niña es un volcán pequeño sobre un pequeño poblado.
La niña es la niña es de la casa y de la villa
es de todos y mía.
La niña corre por su pequeño cuerpo y se choca en aceleraciones.
Cuando pierda todas las partidas Cuando duerma con la soledad Cuando se me cierren las salidas Y la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencio Cuando cueste mantenerse en pie Cuando se rebelen los recuerdos Y me pongan contra la pared
Resistiré, erguido frente a todo Me volveré de hierro para endurecer la piel Y aunque los vientos de la vida soplen fuerte
Soy como el junco que se dobla, Pero siempre sigue en pie Resistiré, para seguir viviendo Soportaré los golpes y jamás me rendiré Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré.
Cuando el mundo pierda toda magia Cuando mi enemigo sea yo Cuando me apuñale la nostalgia Y no reconozca ni mi voz
Cuando me aminace la locura Cuando en mi moneda salga cruz Cuando el diablo pase la factura Se alguna vez me faltas tu Resistiré... O si alguna vez me faltas tú.
Bronca cuando ríen satisfechos al haber comprado sus derechos, Bronca cuando se hacen moralistas y entran a correr a los artistas, Bronca cuando a plena luz del día sacan a pasear su hipocresía, Bronca de la brava, de la mía, bronca que se puede recitar, Para los que toman lo que es nuestro con el guante de disimular, Para el que maneja los piolines de la marioneta general. Para el que ha marcado las barajas y recibe siempre la mejor. Con el as de espadas nos domina y con el de bastos entra a dar y dar y dar. ¡Marcha! Un, dos... No puedo ver tanta mentira organizada sin responder con voz ronca mi bronca, mi bronca. Bronca porque matan con descaro, pero nunca nada queda claro. Bronca porque roba el asaltante, pero también roba el comerciante. Bronca porque está prohibido todo, hasta lo que haré de cualquier modo. Bronca porque no se paga fianza si nos encarcelan la esperanza. Los que mandan tienen este mundo repodrido y dividido en dos. Culpa de su afán de conquistarse por la fuerza o por la explotación. Bronca, pues entonces, cuando quieren que me corte el pelo sin razón, es mejor tener el pelo libre que la libertad con fijador. ¡Marcha! Un, dos... No puedo ver tanta mentira organizada sin responder con voz ronca mi bronca, mi bronca. Bronca sin fusiles y sin bombas. Bronca con los dos dedos en Ve. Bronca que también es esperanza. Marcha de la bronca y de la fe...
Cógeme, llévame a los nichos, hay tanto de qué hablar, bordea la reja que se propaga por los límites, siente al oriente deslizar las sombras que refrescan.
El silencio deambula callejones con árboles al centro, mira estrellas maravillosas, hojas temblando abundantes y nos saluda escandaloso donde el viento se cruza con el sol de mediodía.
Allá mi hermano sentado sobre la piedra.
¿Sabías que los durmientes juegan con tu recuerdo y el latido de las locomotoras es el mismo de hace años?
El río pasa más allá de los paltos y yo sigo sin bajarme de la rama hasta que llegues.
Hoy pasé por la muerte y me detuve a buscarte, llevo horas en los andenes deshojando los años.
Por el norte una nariz de fierro se agiganta.
Coje mi mano que descansa sobre los rieles no pasaré en vano las estaciones.
María Alicia Pino (Al cumplirse 27 años de la muerte de mi hermano Peter. (4 de Noviembre de 1980) Es imposible haber caminado tanto sin tu compañía, es inaudito escribirlo 27 años después. Sólo la noche mantiene las estrellas en el mismo lugar, esta noche es la misma que aquella. Los mismos cometas, las mismas bicicletas, ...yo sé que has de volver)
Lo viste. Seguro que vos también, alguna vez, lo viste: te hablo de ese eterno ciclista solo, tan solo, que repecha las calles por la noche. Usa las botamangas del pantalón bien metidas en las medias y una boina calzada hasta las orejas, ¿te fijaste? Nadie sabe, no, de dónde cuernos viene, jamás se le conoce a dónde diablos va. De todos modos, si lo vieras pasar, miralo con mucho Amor: puede que sea, otra vez...
El flaco que tenía la bicicleta blanca; silbando una polkita cruzaba la ciudad. Sus ruedas, daban pena: tan chicas y cuadradas ¡que el pobre se enredaba la barba en el pedal!
Llevaba, de manubrio, los cuernos de una cabra. Atrás, en un carrito, cargaba un pez y un pan. Jadeando a lo pichicho, trepaba las barrancas, y él mismo se animaba, gritando al pedalear.
"¡Dale, Dios!... ¡Dale, Dios!... ¡Meté, flaquito corazón! Vos sabés que ganar no está en llegar sino en seguir..."
Todos, mientras tanto, en las veredas, revolcándonos de risa ¡lo aplaudimos a morir! y él, con unos ojos de novela, saludaba, agradecía, y sabía repetir:
"¡Dale, Dios!... ¡Dale, Dios!... ¡Dale con todo, Dale, Dios!..."
Pero cierta noche, su horrible bicicleta con acoplado entró a sembrar una enorme cola fosforescente. ¡Increíble!: los pungas devolvían las billeteras en los colectivos; los poderosos terminaban con el hambre; los ovnis nos revelaban el misterio de la Paz; el Intendente, en persona, rellenaba los pozos de la calle, y hasta yo, pibe, yo que soy las penas, lloré de alegría bailando bajo esa luz la polka del ciclista.
Después, no sé, ¡te juro!, por qué siniestra rabia, no sé por qué lo hicimos ¡lo hicimos sin querer!, al flaco, ¡pobre flaco!, de asalto y por la espalda, su bicicleta blanca le entramos a romper.
Le dimos como en bolsa, sin asco, duro, en grande: la hicimos mil pedazos... Y, al fin, yo vi que él, mordiéndose la barba, gritó: "¡Que yo los salve!..." Miró su bicicleta, sonrió, se fue de a pie.
(Mi viejo Flaco Nuestro que andabas en la Tierra: ¿Cómo no te diste cuentas que no somos ángeles sino hombres y mujeres?)
Flaco, no te pongas triste, todo no fue inútil, no pierdas la fe... en un cometa con pedales ¡dale que te dale! yo sé que has de volver...