jueves, 19 de febrero de 2009

Página en blanco




Cristián Warnken
Jueves 19 de Febrero de 2009

(A Ema, Consuelo y Andrés, con todo nuestro amor).

Estoy frente a la página en blanco, tratando de escribir esta columna en este día de febrero, mientras veo al sol derramarse minuto a minuto en mi jardín. El sol no deja de aparecer, pase lo que pase, todos los días, para entibiar las hojas y los pájaros. Antes, escuchaba el monótono sonido del filtro del agua en la piscina, que me acunaba, como música de fuente.

Hoy, ese sonido ya no está: la piscina de mi casa está clausurada, pero presiento que un agua subterránea, invisible, sigue sonando en otro jardín, frente a otra ventana.

Este jardín está lleno de baldes de colores desparramados, rastrillos, carretillas, un caballito de mar naranja, un barco volcado. Muchos juguetes han ido desapareciendo, pero este barco sigue ahí, volcado. Barco de juguete, "barco de mentira", inmenso para un niño en su reino, pequeño para nosotros, que al crecer dejamos de ver el tamaño interior de todas las cosas: ya no vemos en la hormiga al unicornio, ya no vemos en la hoja a Pulgarcita viajando hacia otros mares, ya no vemos en el charco al mar.

No puedo dejar de mirar ese pequeño barco ebrio, que volcó un niño -quizás mi niño muerto- al pasar. Que nadie lo toque, que nadie lo saque de su abandono sagrado a orillas de un puerto que no vemos. Cada niño es un capitán de un barco que no vemos. Los niños viven de milagro. Cada niño que camina, respira, juega, es un niño que para llegar ahí tuvo que sortear miles de pequeños grandes peligros, desde que fue semilla, desde que salió de la nada, chispa de luz que se encendió en la inmensa noche del azar. Escaleras abruptas, calles violentas, millones de virus y bacterias, enchufes, piscinas... Los niños viven de milagro y son un milagro. Nosotros también fuimos milagros, y nuestros niños nos devuelven al reino que dejamos una tarde de verano, cuando un adolescente devoró al niño que era, y dejó el barco abandonado en el patio, y no volvió a partir a la aventura inagotable que es cada día en la infancia. El sol ya inundó mi jardín, y quisiera que ningún niño se enfermara, sufriera un accidente o muriera hoy día.

Que hoy fuera un día de tregua, que la muerte dejara de buscar a los niños en todos los rincones de la tierra, que todos los padres del mundo sintieran la seguridad de que sus niños serán eternos, que estarán siempre jugando, saltando, cantando, llorando, para que nosotros podamos vivir. Porque sin esos niños que corren y saltan sobre el abismo de cada día, no podríamos vivir. Estaríamos muertos: de tedio, de vacío, de cinismo, de desesperanza. ¿Podemos imaginar un mundo sin niños?

Pero los niños viven de milagro y están revoloteando alrededor nuestro para gritarnos que la vida es un milagro, que cada minuto de sobrevida es un niño que con una espada de plástico o una niña con una muñeca-hada mantuvieron a raya a la vieja muerte. Nosotros ya fuimos derrotados: somos los muertos que vemos a los niños vivir, héroes de pequeñas batallas inmensas, que se dan en el aire, el agua, la luz.

Quiero que esta página en blanco de febrero se llene de niños, con sus palabras frescas, con sus sonidos puros. Quiero que esta página en blanco sea el refugio para los niños que están luchando contra el dolor, en un hospital, en una guerra, o en su jardín. El dolor de un niño -como su alegría-, por pequeño que sea, es inmenso. Ya lo dijo Pin-Pon, un hombre que se disfrazó de niño para seguir viviendo, y que por eso no ha muerto: "Me aplasté un dedito,/ me dolió un montón./ Yo no lo sabía,/ yo no lo sabía:/ tiene un corazón".

¿No sabíamos, acaso, que hasta en lo más diminuto late un corazón? No lo sabremos si no nos hacemos pequeños, tan pequeños que quepamos en la lágrima de un niño, y naveguemos con él en ese barco "de mentira" que nos espera para partir, al fondo de nuestro jardín.

3 comentarios:

Eduardo dijo...

Mamá comadreja:
Este texto indispuesto
es parte de un serie de mutilaciones indirectas
, enmasculaciones y ajusticiamientos varios y variados en su forma. este texto -este mismísimo- es una manera
amanerada de tortura, una tortura con uñas rosadas de varón
, una manera de reclamar una página en blanco invierno como una palabra dicha a media voz
, o como una ingente condena de mentiras
: cadena desde el odio al suelo
, cadena formada por eslabones de esclavos trensando sus pirulies
en una super producción gringa
con una cantidad de muertos x
y de automóviles destrozados.

Le escribo desde este lugar
más real que lo real
, desde esta certeza como un habano
lanzado desde el origen del mundo.

Mire, si no: Página en blanco, voces en blanco
:úteros en blanco

Espero su respuesta

Guttural Stangelove dijo...

gracias mama comadreja
por comadrejearnos en la verma
ver mas que virtuales ensimismamientos, pa que no seamos tan torpes, la vida traera consigo un arsenal de flores.-

Gracias por tu blog te invito al mio
me llamo matías y soy artyista autodidacta en musica plastica literatura en prosay verso y tbn en audiovisual

espero que de alguna manera
pueda sentirte compañera
en este camino de teclas negras de ordenador, el arte calma bastante el dolor.-

Malicia Blues dijo...

Gut, nos extraviamos en los segundo de este océano que graficas más abajo con los cientos de pecesillos que colman las pupilas de los navegantes. Vi tu comentario en mi blog recién hoy, después de cuatro años, y me asombra que cada palabra renueva su vigencia en cada danza de los peces. Estamos conectados aunque no lo sepamos, aunque sea un secreto de las nubes. Un poco más allá, en la resonancia de las células y el universo, sabemos que los poetas tienen un lenguaje invisible que los trae a la vida a pesar de sí mismos. (No sé si somos amigos en facebook, a mi me gustaría que me buscaras allí tb, con el nombre humano demasiado humano de María ALicia Pino, también llamada Malicia Blues. Aunque entre nosotros y sin que nadie tenga por qué saberlo, sólo nuestros congéneres expatriados, sigo siendo la Mamá Comadreja.)